Muy buen punto de vista: "No hay felicidad obligatoria, pero la lectura depara felicidad; cuando un libro nos atrapa, y llegamos a un punto en que nos sobrecogen el asombro y la admiración, estos sentimientos se transforman en dicha, una dicha inefable. Es un asunto de libertad de elección. No podemos sacar gozo del castigo, y un libro impuesto viene a ser un castigo." Es como cuando te obligan a leer el periquito sarmiento o el lazarillo de Tormes. Al menos deberían de ofrecer literatura que les llame la atención a los niños y jóvenes en las escuelas. De verdad que es penoso LEER POR OBLIGACIÓN. La cuestión de aprendizaje y enseñanza van más allá de figurar como un país lector. Lo que debería de ocuparnos es dejar entrever las mil y una historias que se nos pueden presentar por medio de la lectura, incluso por aquella que se nos presenta al leer cómics o mangas. En otros países eso es tan usual, que te los topas de frente en el metro, en el camión, en el parque o hasta en una discusión en un café. Insisto, no debe de ser obligatorio leer y mucho menos algo tan aburrido, y fuera de contexto, que en lugar de acercar a la multitud la aleje. Pero la cuestión va más allá de los recintos escolares. Debemos, como padres de familia, enseñarles a nuestros hijos lo valioso y precioso que es la lectura.
Cuando niño, me emocionaba demasiado el hecho de saber leer porque con ello podía entender las películas subtituladas del cine (otra de mis pasiones) y además de conocer lo que los letreros de las calles me querían decir. La ciudad es una ciudad parlante gracias a los anuncios que se ven por todos lados. A mí en lo particular las ganas de leer me surgieron por la necesidad de estar en contacto con lo que sucedía a mi alrededor y sólo podía entender por medio de la lectura. Ya más grande comencé a entrarle de lleno a la literatura y con mayor razón tuve necesidad de comerme el mundo a grandes bocanadas. Pero el éxito del gusto literario vino junto con la espinita que me inculcaron en la escuela con libros como "canasta de cuentos mexicanos", el cual, me llevó a encontrarme con Juan Rulfo y Mariano Azuela y así sucesivamente. Recuerdo también que por azares del destino cuando platicaba con un inglés me recomendó (un par de años antes de la película) los libros de J.R.R. Tolkien y me quedé estupefacto, sobretodo con el hobbit. El punto es que si quieres tomarle el gusto a algo, necesitas una motivación o ligero empujón para comenzar a andar por tu cuenta y explorar o explotar dichos recursos que a la larga se vuelven parte fundamental de tu vida. Por ejemplo, hoy en día si a los jóvenes los pones a leer un libro de Zombies es casi seguro que le tomen más interés que cualquier libro de Octavio Paz. Pero eso no debe de preocuparnos, porque tal vez esa la motivación que necesita para continuar descubriendo nuevos mundos ficticios de los que tanto disfrutamos nosotros los book's eaters.
Si van a regalar un libro, al menos investiguen cuales son sus gustos literarios. Feliz finde.
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